On Going Virtual

por Michael Katchen, Archivisto Superior, Archivo de Franklin Furnace, 1998

Este ensayo es el segundo de dos textos en una serie intitulada “Los ¿porqués? y los ¿cómos? de la desinstitucionalización”. Las dos presentaciones examinan las actividades del Archivo de Franklin Furnace. Martha Wilson, la fundadora-directora de la institución ha presentada la primera parte de esta discusión, que examinó los así llamados ¿porqués? del tema. Yo mismo, el archivisto superior de la institución, examinaré los así llamados ¿cómos? vinculados a nuestro tema.

Empezaré por describir las circonstancias en las cuales se encontraba el Archivo de Franklin Furnace a principios de enero de 1997. Entonces examinaré su situación actual y sus planes para el futuro próximo. Les ofreceré una breve explicación de los materiales que forman parte de nuestro archivo y de mi propia relación personal con dicha organización. Me enfocaré en particular en dos temas principales vinculados al tema de la desinstitucionalización. El más importante tiene que ver con escoger, catalogar y presentar en forma digital el contenido de nuestro archivo, poniendo énfasis a la vez en catalogar por medios digitales los materiales del archivo. Para nosotros, otros temas importantes han sido la reducción del espacio de nuestras oficinas y el almacenaje del archivo. De hecho, estos temas se han entretejido inseparablemente.

Pues esta es la historia de una pequeña organización sin ánimo de lucro que ha sobrevivido por más de 22 años. Se trata de como se puede conseguir una subvención financiera para apoyar un proyecto específico y de como se lo puede realizar, tal vez de una manera un poco modificada pero todavía mejorada. En este caso, se trata principalmente de nuestra necesidad de reducir, en varios sentidos, la operación de nuestra organización.

Esta historia reciente nuestra empezó con una llamada telefónica de Martha Wilson a finales del año 1996. Me contactó y me preguntó si me interesara trabajar en un proyecto con una duración anticipada de 18 meses. Por supuesto, le dije, “Sí”. Ya conociá bien a Martha y a lo largo de mi carrera había trabajdo varias veces con el Archivo de Franklin Furnace. Ya sabía bien como se realizan proyectos apoyados por subvenciones financieras de fundaciones culturales o de otras fuentes privadas o públicas.

La subvención que está apoyando mi trabajo actual se ha implementado por tres etapas. En la primera etapa de esta subvención, tuve que definir y catalogar el contenido del archivo. Entonces, a principios de 1997, empecé a examinar el contenido de varias cajas y archiveros llenos de materiales. Después de unos meses de este trabajo, de hecho los materiales que encontré se definieron ellos mismos su carácter y su valor. (Normalmente, los administradores del Archivo de Franklin Furnace tocan muy ligeramente los materiales que encuentran en su archivo y, como los pastores, con mucha paciencia logran que estos materiales diversos se clasifiquen ellos mismos en varias categorías oportunas.) Finalmente creamos seis categorías principales y varias subcategorías también.

Una vez bien clasificados todos los materiales en el archivo, se vio claramente que el público se interesaría por la categoría de “Programas”. Los archivos que tienen que ver con nuestros programas cuentan con documentación escrita y visual de todos los eventos presentados por el Archivo de Franklin Furnace durante las últimas dos décadas. Con la ayuda de unos estudiantes universitarios haciendo prácticas, hicimos un proyecto preliminario para investigar otra categoría de archivos, es decir la de los “Archivos de Artistas”. Así creamos 82 entradas separadas, es decir archivos sobre la obra de 82 distintos artistas. Con este ejercicio creamos un formato para organizar los materiales en el archivo. Por consiguiente nos proporcionó una estructura práctica que todavía estamos utilizando hoy en día.

En octubre de 1996, el Archivo de Franklin Furnace estableció su sitio de Internet, y varios artículos salieron en la prensa sobre la transformación de nuestra institución en un museo electrónico en línea. ¡Ya nos sentíamos la presión! Pero al mismo tiempo, se estaban calentando las campañas de varios políticos locales para la alcaldía de la Ciudad de Nueva York, y la administradora de nuestro sitio de Internet, la mujer vestida de hombre que se llamaba “Murray Hill” (un nombre tomado del nombre de un barrio de la ciudad), se había presentado como candidata. Gracias a sus obligaciones como candidata política, no tenía tiempo para manejar nuestro sitio de Internet, y no lo actualizaba por muchos meses. Buscando ayuda por todos lados, asistimos a la Conferencia de Informática para Museos en St. Louis, Missouri, en octubre de 1997.

La conferencia nos ayudó mucho. Para nosotros, entre los eventos y los resultados claves de la conferencia, conocimos, por ejemplo, a Rick Rinehart, un responsable del Museo de Arte de Berkeley y el Centro de Cinema del Pacífico en Berkeley, California. Nos inscribimos el Archivo de Franklin Furnace como miembro de la organización Artes Conceptuales e Intermedios en Línea. Conocimos a Steve Dietz, un responsable del Centro de Arte Walker en Minneapolis, Minnesota, que ahora nos sirve como consultor, enfocandose en nuestra base de datos. Las ideas y las observaciones presentadas en los varios talleres de la conferencia nos presentaron nuevos modos de interpretar y de conceptualizar los procedimientos que habíamos estado utilizando para catalogar los materiales en nuestro archivo.

Unas semanas después de la conferencia en St. Louis, yo asistí a otra conferencia organizada por el Centro de Conservación de Documentos del Noreste, en Andover, Massachusetts. Intitulada “Escuela de Escanear,” esta conferencia me dio oportunidades de intercambiar ideas y de recoger información útil para nuestro archivo. Por ejemplo, aunque me di cuenta de que digitalizar documentos no era el modo ideal para preservarlos, pensaba que todavía podría ser el mejor modo de conservación por medio del cual se podría hacer disponible al gran público el contenido de nuestro archivo.

Entonces, en diciembre de 1997, Martha y yo nos reunimos con Steve Dietz para hablar de programas para la computadora y del sistema que habíamos estado utilizando para catalogar los materiales en nuestro archivo. Decidimos utilizar una configuración personalizada para nuestras necesidades del programa FileMaker Pro para la plataforma de Windows. Entonces, en enero de 1998, recibimos el equipo y una versión de prueba de nuestro programa personalizado.

Ya estabamos en febrero de 1998, es decir un mes después de la fecha contratada para nuestra salida de nuestras antiguas oficinas y para nuestra mudanza. Paramos temporalmente las actividades de catalogar materiales del archivo y buscamos un nuevo espacio. Pues entonces, durante ese mes de febrero de 1998, nos ocupabamos principalmente de la mudanza, quitando un espacio de 464 metros cuadrados por un espacito de nada más de 46 metros cuadrados. Además, ese mes presentamos nuestras primeras ciber-emisiones de performances por medio de nuestro sitio de Internet.

Finalmente, en marzo de 1998 los miembros de la administración del Archivo de Franklin Furnace se encontraban bien instalados en sus nuevas oficinas en un edificio en la Calle John en el barrio de Wall Street, el famoso barrio financiero de la Ciudad de Nueva York. El dueño de nuestra propiedad rentada era la Iglesia Holandesa Reformada, una institución que había sido dueño de varias propiedades en esta parte de la ciudad desde hace muchos años. En ese mismo tiempo organizamos bien el almacén que tenía el Archivo de Franklin Furnace en Brooklyn, otra gran parte de la ciudad. (De hecho, la mayoría de los materiales de nuestro archivo están en ese almacén.) Por el momento, ya estabamos contentos...

Actualmente, catalogar los materiales en nuestro archivo es nuestro trabajo de primera prioridad. Quisieramos documentar cada evento presentado por el Archivo de Franklin Furnace en el pasado y representar en nuestro sito de Internet cada uno con una sola imagen fotográfica. Con este trabajo llegaremos al fin del período cubierto por la dicha subvención financiera. Ya estamos pensando en que hacer en el futuro.

Martha y yo estamos de acuerdo en que, con respecto a catalogar materiales en el futuro, el aspecto el más importante será los así llamados meta-datos que solamente ella y yo podemos determinar y asignar al archivo. En un cierto futuro, más tarde, siempre podremos escanear y digitalizar más sofisticadamente nuestros materiales. Mientras tanto, les invito a seguir atentamente el desarrollo de nuestra saga...